19 de octubre de 2010

Cultura de la imagen imposible

Pongámonos en situación. Zara de la madrileña calle Orense, posiblemente una de las tiendas del grupo Inditex que más facture al año en toda España. Entro yo tan pancho y me quedo mirándome en el espejo central del comercio. Me muevo, me examino en distintos ángulos… pero algo no cuadra. La imagen parece como… desvirtuada. Ese de enfrente soy yo… o debería serlo. Me paro y me vuelvo a mirar.

Estoy algo más delgado, con cazadora y todo. ¿Será mi imaginación? Miro las líneas del suelo… y las del espejo parecen juntarse antes que las que tengo ante mis narices. Ya me mosqueo del todo. Y me acerco al perfil del espejo.

Dudas despejadas. ¡El espejo es ligeramente cóncavo! Casi imperceptible… Pero lo es. Alucinante…

Mientras que en los espejos convexos ocurre lo contrario, los cóncavos ofrecen una proyección más estilizada, dependiendo del grado de concavidad, del individuo que se refleja. Lógicamente, cualquier prenda de ropa sienta “mejor” a la vista de este espejo, es decir, a tu propia vista engañada. Todo un juego de ilusiones.

La cuestión no es descubrir si es intencionado o no. Es irrelevante. Es de sentido común que si, por un error, el espejo fuera convexo, poco habrían tardado en cambiarlo. Las técnicas de publicidad y persuasión que utilizan las multinacionales, y especialmente las textiles, suelen llegar a extremos que rozan comúnmente los límites éticos. No creo que haga falta valorar a quienes trafican con la imagen, divinizan cuerpos irreales y crean ídolos de madera, modelos a seguir y patrones de conducta como los que vemos en los anuncios de moda.

El espejo cumple su función: promueve un mayor consumismo, lo que genera un mayor beneficio económico ligado a una mayor dependencia de la imagen… todo ello junto a la sensación de que el único bienestar físico y emocional posible es el que va ligado a la posesión de un determinado artículo. La pescadilla que se muerde la cola.

Que sí, que sí. Que el mundo funciona así, y más que ciudadanos somos consumidores. Pero este caso particular no influye sólo en el bolsillo, sino que acarrea unas consecuencias psicológicas que pueden desencadenar un deterioro grave de la salud. Y cuando pasamos esa barrera que separa lo económico de lo humano entonces ya es para plantearse si lo estamos haciendo "sólo" mal... o rematadamente mal.


4 comentarios:

Luis dijo...

Me quedo Álvaro Méndez con eso de que "nuestro bienestar esté ligado a la posesión de un artículo" y más todavía, nuestra salud y nuestra felicidad unidos a la propiedad de un determinado objeto.
Es la clave de la publicidad y de nuestro sistema de consumo. "Necesitamos" un artículo y, ¡oh, casualidad, tal marca tiene varios que pone a nuestra disposición para que "libremente" elijamos cuál resuelve nuestro desasosiego y nos proporcione el tan ansiado bienestar. Todo por nuestro bien. ¡Sin motivaciones económicas!
En nuestras manos está el saber resistir y tener criterio para comprar únicamente lo que sí necesitamos, y un poquito más.

Eva dijo...

Pues sí que es cierto! Luego llegas a casas, te miras en tu espejo y piensas "no queda tan mal". Pero la cuestión es que ya has comprado algo que no necesitabas. ¿Cuántas veces hemos comprado algo que realmente necesitábamos?. Creo que muy pocas. Y lo de la moda,más de lo mismo. Ahora se lleva el rojo, el año pasado el azul y el que viene será gris. Nos mueven como quieren ¡qué pena!.

Pablo L dijo...

Mas que un articulo que no necesitamos, nos estan vendiendo un sentimiento "sentirse bien con uno mismo" Nos estan vendiendo satisfacer nuestras necesidades mas intrinsecas, ahi, donde duele. (los espejos concavos ayudan en la tienda :P).

Tu compras ese articulo porque te sientes mas guapo, te sientes moderno o cualquier necesidad extra ademas del simple hecho de no ir desnuedos pasando frio por la calle.

En nuestras manos esta satisfacer estas necesidades de otra manera.

belencita dijo...

Realmente piesno que todo esto es culpa de la sociedad en sí. Si los cánones de belleza fueran otros, esto no pasaría. Pero hoy en día la obsesión de las mujeres y niñas por ser las más delgadas, cuerpos esqueléticos y sin formas...Eso es lo que hace que las grandes multinacionales y franquicias actúen de esta manera. los espejos cóncavos en las tiendas existen porque hay gente que se quiere ver de esa manera,mucho más delgado (rozando a la anorexia) y con tallas que deberían estar prohibidas...También creo q es falta de personalidad...ahí lo dejo!