
El mundo asiste deslumbrado a las sucesivas revueltas sociales que están ocurriendo en el norte de África. Y todo comenzó en Túnez con el suicidio a lo bonzo de un joven vendedor en protesta por su situación laboral. Se trata, según muchos analistas internacionales, de la victoria del pueblo y de la democracia, del triunfo de una sociedad árabe que clama por su libertad.
Sin embargo, yo prefiero tomarme esto con mucha cautela. Las últimas insurrecciones que se están viviendo tratan de derrocar a líderes pseudo-democráticos (que en la práctica, como en el caso de Ben Ali en Túnez y de Hosni Mubarak en Egipto, son prácticamente dictadores debido al continuo pucherazo electoral durante décadas) para establecer un orden radicalmente nuevo. De momento, nada que objetar.
Pero ante todo, prudencia.
Si algo bueno ha tenido la ‘dictadura’ de Mubarak es la relativa tranquilidad social, la estabilidad económica, las buenas relaciones con Europa y Estados Unidos, la paz con Israel (todo un logro con una frontera tan caliente como la franja de Gaza y la península del Sinaí) y sobre todo, el férreo control al que ha sido sometido el islamismo radical. Precisamente, la primera maniobra del faraón Mubarak durante esta crisis ha sido la de colocar como número dos a Omar Suleiman, director del servicio de inteligencia egipcio, que ha frenado al integrismo islámico desde principios de la década de los noventa.
El fanatismo religioso, y en especial el fundamentalismo islámico, tiene una habilidad especial, casi innata, a la hora de ocupar los vacíos de poder. Lo logró Hamás en la franja de Gaza, Hezbolláh en localizaciones estratégicas del Líbano, y un caso similar podría suceder en Egipto. Sigue presente en la retina la masacre a principios de año de siete personas en una iglesia copta próxima a Luxor durante la celebración de
La alternativa parece ser Mohamed el-Baradei, director del Organismo Internacional de Energía Atómica y premio Nobel de
Todo lo que sea quedarse a medio camino entre la dictadura de Mubarak y la democracia plena supondrá un duro revés y convertirá en inútil la sangre derramada por la libertad.
10 comentarios:
Estoy de acuerdo contigo en el tema de la cautela respecto a estas revoluciones ¿democráticas?, pero hay que entender también que, al menos en el caso de Mubarak, las diferencias sociales en Egipto eran (y son) abismales.
Mubarak, además, no fue el que terminó con el enfrentamiento con Israel, fue Anwar el Sadat, su predecesor, quien estableció la paz a cambio de que les devolvieran el Sinaí.
La duda es qué tipo de fuerza política tiene en egipto El Baradei, en un país en el que la principal fuerza política de oposición es la de los Hermanos Musulmanes, que además de ser fundamentalistas tienen bastante apoyo social por su labor asistencial.
Pero para todo esto, primero, tendrá que salir Mubarak. A ver si de verdad lo hace, porque no creo que en Washington y Tel Aviv les apetezca mucho que salga un fiel aliado.
Un abrazo!
La democracia tal como la entendemos los occidentales es heredera de la cultura del mundo grecolatino, de los valores del cristianismo y de los ideales de la Revolución Francesa.
El norte de África sí formó parte del Imperio Romano y allí también se difundió la religión cristiana -baste recordar a San Agustin-, pero luego con la llegada del Islam parte de esa herencia quedó postergada. Y nunca se difundieron -en eso todos estamos de acuerdo- los postulados del liberalismo.
De ahí, que en esos países "los valores democráticos" no tengan el mismo significado. La persona y sus derechos inherentes no son importantes ni para los Ben Ali, Mubarak, Mohamet..., de turno, ni por supuesto para los fundamentalistas islámicos que, para los suyos, quieren una dictadura "de verdad" -a lo iraní, con la sharia en la mano, o con Al Qaeda de dirigentes- y que, de cara al exterior, desean exterminar a los colonialistas cruzados -que somos nosotros-.
Considero acertado el artículo que queda bien resumido con el título elegido. ¿En la actualidad están preparados para "nuestra" democracia?
Pues sí,stoy de acuerdo con el autor y con Luis.Creo que es peligrosa cualquier situación de jaleo en estos paises. Cuando están controlados bien pero si no ,no sé lo que puede pasar. x si acaso prudencia y no pensemos q esta revolución va a ser lo mejor de lo mejor,como se está diciendo en la tele.
Allahu Akbar!
Ashhadu an la ilaha illa 'llah!
Ashhadu anna Muhammadan!
Abajo los tiranos. No al faraón Mubarak. Todo el norte de África volverá a someterse al Islam.
¡Alá es Grande!
Testifico que no hay Dios, sino Alá
Testifico que Mahoma es el enviado de Alá.
Los acontecimientos se precipitan: Mubarak promete unas elecciones en las que él no se presentará, pero afirma que no se va a marchar de su país; sus partidarios empiezan también a manifestarse y a enfrentarse a los opositores; vacío de poder, actos vandálicos en el Museo Nacional,...
Tenías razón Méndez por pedirnos cautela y atención a ese vacío de poder. Muchos medios de prensa se han tirado a la piscina y ahora tendrán que replegar las velas. EE.UU. y la Unión Europea no acaban de saber a qué carta quedarse: condenan los regímenes "autoritarios", pero no tienen claro el futuro.
Lo que sí hemos sabido es que la Internacional Socialista ha expulsado, ayer mismo, de su seno a los partidos homónimos de Túnez y Egipto,de Ben Ali y Mubarak respectivamente.¡Se han dejado llevar también por la "primavera del mundo árabe del norte de África"!
Al hilo de su artículo, recomiendo leer la tercera de ABC de hoy, 2 de febrero, de Javier Rupérez, titulado "Revueltas árabes":
"www.abc.es/20110202/latercera/abcp-revueltas-arabes-20110202.html"
Yo realmente creo que la transición hacia la democracia va a ser muy difícil. Lo suyo sería convocar elecciones pero ¿Quién garantizaría un juego limpio? ¿Mubarak?. ¿El Baradei? ¿Los hermanos musulmanes? Y si esto no funciona el futuro será muy incierto para este pueblo y en consecuencia para todos nosotros.
En yemen también pasa algo parecido. y lo que pusistes en twiter de los profesores en marruecos que se quemaban también va de los mismo. no pinta bien toda esta ola de revoluciones
Maestro, un saludo
Juanpi
Sí, Álvaro, ya lo aventuraste: Suleimán parece ser el encargado de dirigir la transición egipcia. Bajo la presión de Obama, y en la línea de la Unión Europea, tendría que establecer un gobierno provisional con la oposición, la sociedad civil y el ejército.
Lo publican al unísono, hoy sábado, el New York Times y Le Monde.
Mubarak se ha marchado.
Le han obligado a exiliarse en los Emiratos Arabes.
¡Olé por la postura del ejército egipcio en este conflicto!
Enhorabuena a los opositores que han conseguido su objetivo con una lucha pacífica.
Pero, ¿Suleiman o al menos su gobierno continuarán preparando la transición? ¿El ejército seguirá siendo el árbitro o habrá alguna tentación de perpetuarse en el poder?¿Se formará un gobierno de tecnócratas?¿Y la base social que apoyaba al rais?.
No creo en las revoluciones espontáneas. ¿Y los hermanos musulmanes con sus banderas verdes?Ni una, no existen, están en segunda fila. Creo que sí hay consignas y que al igual que el partido comunista aglutinaba a la élite del movimiento obrero en occidente, ahora alguien dirige entre bambalinas los hilos de la "revolución egipcia". Espero equivocarme por nuestro bien.
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